El humor hace parte de la vida cotidiana. Se trata de una de las formas en que la vida nos hace mucho más tranquila y amena, para así soportar el misterio de estar en este mundo. Y precisamente, como todo libro es un mundo creado por una mente, el sentido del humor tiene que estar también presente, tal como lo hace la pimienta o la sal cuando exquisitamente le da sabor a un plato.

O sea que tío, si llevas mucho tiempo escribiendo un libro sin que posea este matiz, ten por seguro que tú mismo ya te habrás hartado. ¿O no? Haz la prueba. Siéntate a repasar las páginas de tu libro favorito y descubrirás que al menos existe una línea con tono humorístico por cada página.

Por eso, un buen escritor debe aprender a utilizar su talento para jugarle bromas a su libro y que éste posea todo el picante para atrapar al lector. Bueno y si piensas que no posees el talento para lograrlo, empieza simplemente por sonreír mientras escribes.

He aquí un resumen de consejos que pueden ayudarte para que tu libro sea muchísimo más agradable y divertido, tanto para que disfrutes del proceso de escritura, como para que tus mismos lectores se apasionen con su contenido.

  • Crear suspiros infantiles en las temáticas

Este es uno de los recursos que suele usarse cuando una novela o un relato se han convertido en algo demasiado robusto y fuerte de leer. Por ejemplo, en La Metamorfosis de Kafka, a pesar de que el escritor describe una y otra vez el tétrico universo del insecto, también hay momentos donde sus recuerdos o el mirar una ventana, equilibran la tensión de la historia.

Si el personaje se nota muy estresado o la descripción de la escena de horror resulta demasiado fuerte, coloca un detalle infantil que se vuelva cómico. Si la escena es sobre un velorio, un detalle ridículo como un ratón pasado a toda velocidad junto al puesto de bebidas puede ser una idea fantástica.

  • Realizar descripciones curiosas de los personajes

Este otro tipo te ayudará a darles matices más interesantes a tus personajes. Aunque se trate de la monja del pueblo, esa que no se mete con nadie y que siempre asiste callada a misa, si revelas por ejemplo, que “cuando caminaba, su vestido se movía de un lado para otro, como si fuese un fantasma”, entonces la idea resulta sensacional de seguir.

  • Analogías cómicas

Pero las descripciones no son exclusivas para personajes, también puedes aplicarlas para las mismas líneas de la narrativa de tu obra. Por ejemplo, puedes decir que “el caldo se derramo hacía el suelo, generando una tragedia sobre el conjunto de hormigas que por allí pasaban, como si una catástrofe enviada por Dios hubiera anulado sus grandes proyectos como familias”.

Se trata simplemente de usar un matiz ridículo y aprovechar cada instante para que crear ideas desconcertantes y atrevidas. Una olla que parece el escudo de un enano o “un avión que pasaba por unas turbulencias que empezaban a cobrar miles de Padrenuestros a los pasajeros”

  • Exagerar

Y por supuesto, todo lo anterior puedes lograrlo con mayor facilidad si exageras las condiciones y la misma prosa del libro. Entre más exagerada sea una idea, mayor atracción tendrá sobre el lector y sobre ti mismo como escritor. Pero no te quedes simplemente en cálculos de cosas, por ejemplo: “Pesaba más que mil toneladas” o “Era tan alto como diez mil kilómetros”.

Los números y las matemáticas no hacen muy buena rima con la literatura; usa en cambio exageraciones que hagan que “el transbordador espacial salió tan violentamente disparado que no se sabía si el destino final era Marte o llegar hasta el final del Universo”.

  • Enjaular a los personajes

Y lo más cómico de la literatura es cuando un personaje se enfrenta a una situación ridícula. ¿Qué tal si dejas que ese personaje que siempre ha sido tan vanidoso y elegante, se le olvide llevar su toalla al cuarto de baño? Enfréntalo y déjalo que demuestre todo su lado ridículo para crear una escena .cautivante y única.