Un escritor siempre se presenta como una persona singular, cuyo genio y talento les obliga a tener hábitos propios, igual que quien tiene un estilo para caminar, comer o vivir el día a día. No se trata de que sean personas con el afán de ser excéntricos, sino más bien de hábitos que se manifiestan como fruto de sus obsesiones y las limitaciones que les impone su propiamente.

Thomas Mann, por ejemplo, tenía la costumbre de escribir de pie, alegando que era necesario sentir y soportar el peso de la escritura, para así transmitirlo hacía el lector. Hemingway por su parte, quien fue un excelente cazador en el África solía sentarse a escribir mientras tenía una pata de conejo en uno de sus bolsillos.

Y así, la lista de excentricidades y hábitos únicos continúan definiendo la vida de un escritor. En esta ocasión podrás encontrar en este artículo más referencias de lo que es la identidad de un escritor y su modo de percibir la realidad. Un artículo que quizá te ayude a entender porqué es así tu propia personalidad.

Edgar Allan Poe

Este es uno de los escritores más curiosos. El gran genio de las letras de Norteamérica, tenía un modo muy particular de escribir sus obras. Una vez terminaba de escribir una página, está era adherida a la anterior mediante el uso de cera. De ese modo, creaba largos rollos de papel.

Se sabe que dichos rollos podían inundar por completo su habitación, mientras que su gata Catterina lo acompañaba a la hora de escribir, subida sobre sus hombros, igual que un pirata que suele llevar un loro a su lado.

Gabriel García Márquez

Tenía la costumbre de escribir de 8:00 a.m. a 3:00 p.m. En su estudio siempre era imprescindible que existiera una rosa amarilla en un jarrón, sin la cual su mente no podía concentrarse para escribir. Además, si descubría que una página poseía un error de escritura la destruía de inmediato, no sin antes volver a reescribir lo que llevaba.

Otro dato que confiesa en su autobiografía Vivir para contarla, es que evitaba al máximo utilizar adverbios que acabaran en “mente”. Trabajosamente, cordialmente, fatigadamente. Sin embargo, si eres lector de su obra, podrás descubrir que esa premisa lo derrota a través de muchas de sus líneas.

James Joyce

Joyce es considerado uno de los iconos más importantes de la literatura mundial. Jorge Luis Borges solía decir que sus frases eran comparables a las de un Homero de la antigua literatura griega, o bien, con la de un Shakespeare. Su novela Ulises, es una de las más reconocidas en la historia de la literatura universal.

Lo cierto es que Joyce tenía la costumbre de vestirse totalmente de blanco como una solución para poder ver mejor las líneas que escribía. Igualmente usaba tintas de colores para poder apreciarlas con mayor nitidez. Todo esto obedecía al hecho de que con el paso de los años, Joyce fue perdiendo el don de la vista, impidiéndole ver adecuadamente la realidad.

John Steinbeck

Este escritor norteamericano, famoso por su célebre obra Las uvas de la ira y quien llegó a ser Premio Nobel de Literatura en 1962, acostumbraba a escribir sus obras en lápiz. Precisamente, su novela más famosa llegó a tener una extensión de 500 páginas.

Víctor Hugo

El gran novelista francés, tan reconocido por ser uno de los pioneros en la literatura comprometida, escribió dos de sus obras más famosas mientras permanecía desnudo. Estas dos fueron: Los miserables y El jorobado de Notre Dame.

La razón de ello obedecía a que de ese modo no tendría la tentación de salir a dar una caminata en la calle. Esta disposición obligaba a que su ayudante de cámara escondiera todos los días su ropa, de modo que no pudiera encontrarla.