La inspiración ha sido uno de los temas más complejos que existen en el mundo de las artes y las letras. Todo artista se ha debatido alguna vez frente a este dilema, ese combustible que puede alimentar los demonios de su imaginación e impulsarlo hasta la línea final.

Se trata de uno de los temas más cuestionados que existen, en tanto su origen es casi milenario. Ya desde a la época de Platón y Aristóteles, este era un asunto muy cuestionado, donde la figura de las Musas tenía que ver en el desarrollo de una obra y en el modo en que esta podía reflejar cierto sentido de la belleza.

Sin embargo, a lo largo de la historia, más precisamente en el campo de la literatura, ha existido un gran debate entre lo que es seguir adelante con una obra, motivándose por el mismo deseo de culminar, y la que debe ser impulsada por otros factores.

  • El ejemplo de Faulkner

William Faulkner, el gran novelista que influyó en toda la generación del Boom Latinoamericano, afirmaba que él desconocía por completo que era lo que significaba la palabra “inspiración”. Decía que nunca había tenido problemas con lo que ésta insinuaba y que su vocación por la literatura estaba animada por los mismos demonios que deseaba agregar en sus novelas.

Es decir, tomaba como punto de partida un hecho concreto y desde allí estructuraba todo el contenido de sus relatos o novelas, involucrándose hasta llegar al fondo. Además, se apoyaba en una prosa literaria exquisita, lo suficientemente sublime para que el eco de sus palabras hiciera más nítidos los sentimientos en los que se sumergía.

En cierto sentido, Faulkner manejaba el mismo enfoque que ha caracterizado a Mario Vargas Llosa a lo largo de sus obras. Sus historias pueden iniciarse desde una misma noticia leída en un periódico, que luego examinaba a fondo e introduciéndose en el morbo, para luego desenmascararlo desde una perspectiva más humana.

Esto puede verse a la perfección en su relato Los cachorros, que describe la a manera de una tragicomedia la castración que vive un niño de la sociedad limeña. En ese sentido, la inspiración equivale simplemente al deseo de narrar una historia, sin caer en la tergiversación de buscar ayudas sobrehumanas para completarla.

  • Cuando las condiciones que se imponen

En cierta ocasión, mientras Gabriel García Márquez escribía El otoño del patriarca, dijo que sus líneas empezaron a carecer de calor. Es decir, el sentido y la estructura de lo que escribía no inspiraba en ningún sentido el mismo calor del ambiente en el que vive el gran dictador de su libro.

Este problema supuso que decidiera salir de viaje con su familia a una zona costera, donde pudo sentir de nuevo el clima caliente y tener una sensación más profunda de lo que es la temperatura para así poder inspirarse. De regreso, ubicó en su casa una que otra planta tropical para así mantener en vivo el sentimiento que deseaba proyectar en su obra.

Pero García Márquez, al igual que otros autores como Edgar Allan Poe, Hemingway o Víctor Hugo, necesitaba de ciertas condiciones para que su trabajo pudiera marchar en armonía, tal como lo fue la rosa amarilla que se ubicaba en su estudio o el silencio que debía predominar para sumergirse de lleno en la trama de la historia.

Aun así, cuando este genio de las letras finalmente sentía que la inspiración lo derrotaba, cuando ya no tenía alientos para seguir, se entregaba a la labor de ajustar bien los tornillos y las tuercas de aquello que encontrará mal ajustado en su casa. Es decir, una manera de sobrevivir al peso del tiempo.

  • Una cuestión de perspectiva

Ian Flaming, el famoso escritor de la saga de novelas del agente británico James Bond, solía tomarse un momento del año para viajar a algún lugar del Caribe y dedicarse de lleno a sus obras. No necesitaba de inspiración, porque la tenía de sobra, pero si un ambiente ideal que nada tenía que ver con el frio que se siente en Desde Rusia con amor o en la tensión de Casino Royale.

Simplemente, al igual que Faulkner, Vargas Llosa, Kafka y otra lista de genios más, se enfocaba en escribir. Sí, necesitaba de un escenario, de un sitio ideal para escribir, pero la palabra inspiración no determinaba la calidad de una página bien escrita ni el destino de sus personajes.

Así que si sufres de problemas de inspiración, lo mejor será que tengas en mente aquella sabia frase de Picasso que afirma que: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.”