Kafka es uno de los genios incomprendidos más famosos del siglo XX. Y se dice incomprendido porque su obra tiene un matiz realmente simbólico y complejo, a pesar de los notables rasgos existencialistas y lo oscuro que pueden ser los sentimientos que se esconden en sus páginas.

Cada relato de la obra de kafkiana se presenta como un misterio. Cada sentimiento que atraviesa al lector puede cambiar radicalmente su modo de entender no solo la literatura, sino también la realidad. El gran novelista checo tiene toda la potencia para romper “ese mar helado que llevamos dentro”, tal como lo apunta en uno de sus diarios.

Te traemos esta infografía sobre “La metamorfosis”:

Pero sumergirse en la obra de Kafka es también una aventura, una odisea, un paso hacia otra manera de entender lo que es ser escritor y la vocación que este debe asumir frente a cada lector. Estudiar a Franz Kafka, con todos sus misterios, angustias y desvelos, nos enseña como el compromiso con la literatura se convierte en una razón de ser.

  • De funcionario en una empresa de seguros a novelista nocturno

Precisamente, la vida de este escritor transcurrió en el día a día en una empresa italiana de seguros, mejor conocida con el nombre de Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajos. Fue allí donde colocó en práctica su actividad profesional como abogado. Pero al mismo tiempo se sumergió en el mundo burocrático de las oficinas y la estratificación de la identidad humana.

Será de ahí de donde provienen esas jerarquías de poder, donde unos personajes están por encima de otros y por encima de estos mismos existen otros y luego otros, formando un autentico castillo, con torres que intentan desafiar al cielo.

Ese mundo burocrático tan pesado y lleno de estrés era el mismo que almacenaba en su cuerpo, para luego liberarlo en su actividad literaria, en las madrugadas, cuando el insomnio mismo no lo dejaba dormir en paz. Y cuando sí lograba caer en los brazos de Morfeo, se despertaba con los dientes rechinando de ansiedad.

  • Un corazón sensible

Pero Kafka tenía su lado humano y realmente sensible, muy a pesar de lo agresivo que puede ser el mundo literario, como aquel perturbador cuento denominado Ante la ley, cuyo endemoniado efecto solo se puede experimentar una vez en la vida y que con tan solo escasas dos o tres páginas nos hace crujir por la rudeza de sus palabras.

Existe una anécdota muy interesante de su vida cuyo desenlace acabó en una de las historias más tiernas y bonitas que existen en el campo de la literatura europea. Aquella historia empezó cuando Franz se encontró con una niña en un parque, quien lloraba por haber perdido su muñeca.

Para consolarla el escritor le convenció de que la muñeca había salido de viaje y que como prueba de ello, cada día la muñeca le enviaría una carta sobre sus aventuras. Y así fue. Día tras día, el escritor se encontraba con la niña en el parque y le entregaba una carta en la que con su talento le describía un mundo mágico e interesante.

Al final la niña se olvidó de la muñeca y se sumergió profundamente en la dulce narrativa que le entregó un novelista, cuya contraparte literaria estaba llena de monstruos y pesadillas. Una muestra clara de cómo un escritor debe mantenerse abierto a explorar temáticas y sumergirse en nuevas historias.

  • Un legado reflexivo y universal

La obra de Kafka, que estuvo a punto de morir en el fuego de acuerdo a su última voluntad, tiene una poderosa virtud; esta es: la de ser profunda, agresiva e inmortal. Sus historias sobrevivirán en el tiempo, gracias a la esencia de poder herir nuestro pensamiento cada vez que nos adentramos en sus escenarios asfixiantes.

De ese modo, Kafka enseña que un buen escritor debe ser lo suficientemente conmovedor para que un libro cambie radicalmente la vida de sí mismo y la de sus lectores.