Se sabe que cuando Gabriel García Márquez iba a enviar el manuscrito de su novela Cien Años de Soledad, para poder pagar la tarifa de envío tuvo que empeñar el único reloj despertador que existía en su casa. Por entonces, aquel narrador colombiano, no sabía si aquello era una novela o un kilo de papel de hojas mecanografiadas.

Pero a pesar de la duda, aquel hombre cuya edad ya estaba en los 40 años, había confesado a uno de sus amigos que aquel libro sería la obra que lo elevaría en el ámbito de la literatura, es decir, “O doy un trancazo con él o me rompo la cabeza”.

Y sí, su predicción se volvió realidad. Aquel libro lo catapulto a la fama, permitiendo que su narrativa se esparciera por todo el continente Latinoamericano y luego en el resto del mundo. En cuestión de meses llegó a convertirse en un escritor de éxito internacional, logrando así que otras de sus obras como El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora y La hojarasca fuesen comercializadas, dado el gran apetito que había sembrado en sus lectores.

Un realismo mágico abrumador y revolucionario

La razón del glorioso ascenso de García Márquez obedece principalmente a su capacidad de crear un universo realmente curioso, donde lo mágico se combina con la realidad para crear un presente que resulta a veces increíble.

Para ello este autor le apostó ante todo al recurso de la exageración, al igual que el uso de una prosa lo suficientemente atrapante para que todo lo descrito se torne visible a la memoria. Pero más allá de eso, está el modo en que recopila todas las tradiciones, las leyendas y el imaginario que existe en Latinoamérica para exportar su esencia mística al resto del mundo.

Con ese empuje, este autor colombiano logró obtener el título de ser el mejor novelista en Hispanoamérica después del autor de El Quijote, el famosísimo manco de Lepanto: don Miguel de Cervantes Saavedra.

Un compromiso social y una denuncia que hizo eco en el primer mundo

Pero más allá de la magia de su poesía, más allá del paraíso donde la imaginación se vuelve tan irresistible, García Márquez logra crear con su obra una denuncia social, pero ante todo, humana, sobre lo que es la condición del hombre en Latinoamérica.

Las más de trescientas páginas que constituyen el cuerpo de Cien Años de Soledad tiene un sabor inmortal y universal al que exponen obras como La Odisea, En busca del tiempo perdido o Ulises de James Joyce. Lo que ocurre es que García Márquez logra desnudar por completo la condición humana, pero en esta ocasión, enfocándola a una crisis de valores originada por unas circunstancias materiales.

De ese modo, deja en claro como la soledad, el hambre y las injusticias en América Latina se han convertido en un fenómeno al que las naciones del primer mundo le han restado importancia. Esta denuncia volvió a enaltecer el fuerte compromiso político que debe tener todo escritor para aportar en el destino de toda sociedad.

Su huella en los escritores de las nuevas generaciones

La obra de este gran novelista latinoamericano, ha sido y seguirá siendo un gran referente para muchos autores, no solo en el ámbito hispanoamericano, sino también en escritores de diversas lenguas.

Eso sí, García Márquez es todo un modelo a seguir no solo por su visión de una literatura comprometida, sino también por su modo de entender la poesía como una de las formas de adentrarse en el misterio del corazón humano.

La poesía que tanto exaltó en su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura de 1982 y que lo impulsó a tener una prosa realmente encantadora y fascinante, capaz de magnificar la realidad en que vivimos y cambiar nuestra óptica de ver el mundo.