Ernest Hemingway, quien fue Premio Nobel de Literatura en 1954, fue reconocido por manejar un estilo de escritura bastante sencillo, conciso y directo. Un estilo bastante sencillo de leer, que no se estancaba en frases poéticas o líneas complejas de asimilar. En ese sentido fue bastante flexible.

De hecho, este famoso escritor norteamericano, tenía una pésima ortografía y se justificaba diciendo que dichas infracciones a la literatura eran una responsabilidad que debían asumir los mis editores, insistiendo en que en eso consiste desde siempre su trabajo como revisores de textos.

La razón de ser del estilo

Crear un estilo de escritura es como definir el tipo de lápiz o pincel con el cual se pintará todo el universo que se vislumbra en la mente. Gracias a ello las líneas adquieren una musicalidad y al igual que sostenía Gabriel García Márquez se puede generar la ilusión narrativa que mantiene al lector sujeto al hilo de la historia.

Además, un estilo también define el sello propio con el cual un escritor logra que su obra tenga reconocimiento y originalidad; esto es algo tan certero como la forma de pintar que tiene un artista plástico, o bien, la manera como una banda produce su propia música.

Algunas pautas para lograr obtener un estilo de escritura propio son las siguientes:

Explorar y explorar

Ítalo Calvino solía realizar ejercicios de escritura donde su única misión era entretenerse y desarrollar el hábito. Llegó a tener una colección de cuadernos con pequeños párrafos en los que describía la belleza de una luna o la amargura de la soledad que le inspiraba un libro en un desván.

La idea entonces es que experimentes de manera libre, sin limitarte, sin considerar que tus primeras líneas como escritor se convertirán en las más fantásticas para tu libro. Debes dejar de lado el egoísmo y la vanidad de sentir que tus páginas están muy bien escritas y disfrutar de una experiencia similar: explorar tu estilo.

Sumas y restas

Otro factor que debes tener presente es que en muchas ocasiones tanta poesía en una misma línea puede ser redundante, generando un estado demasiado pesado de sobrellevar. Julio Cortázar afirmaba que es necesario sintetizar la idea de una línea, restándole presencia a los adjetivos y los sustantivos.

Aunque eso también es algo que se adquiere con la experiencia, tal como lo sostenía Jorge Luis Borges, quien afirmaba que en todo proceso de creación de un estilo, todo escritor explota al máximo el barroco, sazonándolo todo para que se vea lo más florido posible.

Con el paso del tiempo, esa sobredosis de adornos se va sintetizando en algo más concreto.

Pensar en la imagen

Antes de escribir una línea, piensa y aprópiate de todo lo que la imagen tiene por decir. Cada sustantivo y cada adjetivo debe estar relacionado profundamente con lo que es la imagen. Para ello lo más idóneo consiste en visualizar bien el objeto, la escena o el personaje.

Con el paso del tiempo, el esfuerzo resulta cada vez menor. Y tendrás la suerte de dejar que tu estilo fluya, igual que las aguas de un rio, en medio de las palabras.

Expresar el sentimiento

Finalmente, la literatura en esencia es sentimiento. Las imágenes, los sucesos y la lirica de cada línea deben estar en sintonía con lo que ofrece cada imagen, de modo que cuando el lector disfrute de la poesía y la magia de tu estilo pueda entrar en concordancia con unas emociones.

Estas emociones solo pueden lograrse con un estilo de escritura que llegue al corazón de quien lee, pero ante todo, de ti mismo como escritor. Cuando aprendas a dominar esto, al igual que ocurre con el apartado referente a la imagen, tu estilo te guiará para que escojas las palabras adecuadas para cada línea que escribas.