La mente de toda persona está atravesada por diversos factores: recuerdos, traumas, miedos, deseos, alegrías, tristezas, entre otros. Toda mente es un mundo, un autentico universo en el que día a día se está batallando una lucha interna que es la que nos permite sobrevivir en esta realidad y darle sentido a nuestra razón de ser.

Pero esta lucha interna resulta mucho más pesada en el universo de la mente de un escritor. No solo por sus experiencias, sino también por su modo de entender el mundo a través del lenguaje. Aun cuando se trata de un escritor de literatura fantástica, que se aleja a los tintes de lo oscuro y complejo del alma humana, la literatura es un escenario en donde se expían los tormentos del alma humana.

De hecho, la literatura fantástica, surge como un escape imaginario a los límites mismos que impone a veces la realidad, cuando ésta tiende a resumirse en una especie de valores matemáticos, donde lo pesado se vuelve inamovible y lo rígido se vuelve estresante.

El ejemplo que dan los grandes escritores

Julio Cortázar a través de sus diversos cuentos, logra precisamente inaugurar una forma distinta de ver la realidad, colocándola en duda al máximo. La mente de este escritor siempre fue muy escéptica a la imposición que la realidad da y por eso jugó con muchos elementos del lenguaje para desenmascararla, al mismo paso que exprimió buena parte de sus miedos.

Una prueba de ello es el cuento La continuidad de los parques, donde la ficción misma de las novelas puede convertirse en una realidad en la que participamos. Cortázar, que siempre tenía en mente aquella teoría de Mallarme en la que la realidad sirve para reflejarse en un libro, pensaba que un libro también puede convertirse en reflejo de una realidad.

Por eso, un buen libro termina por convertirse en una forma de liberar a un escritor de todos sus demonios internos. Y Kafka en ese sentido era un autentico experto, quien valiéndose de sus sentimientos más profundos e irritables, logra acuñar líneas que hieren por completo al lector, como si fuesen puños compactos y dolorosos que llegan al alma.

Luchar contra los fantasmas o reinventar el Universo

El título de este artículo rinde homenaje al gran escritor argentino Ernesto Sábato, cuyo libro El escritor y sus fantasmas, se convierte en una reflexión muy seria sobre cómo la ficción que construye un autor, es reflejo de las diversas pasiones que lo dominan, de cómo esa realidad subjetiva que se vive a diario se transforma en unas páginas que sirven de alimento a la memoria para transportarse a otro universo.

Otro universo en el que se estudia toda la condición humana y todos los fantasmas que agobian su existencia. Esa es la misión de todo escritor: o reinventar un Universo para darle mayor libertad y respiro a sus lectores, o bien, exorcizar sus miedos más terribles para dar prueba de que el arte puede poner fin a los grandes dilemas del alma humana.

Jorge Luis Borges, sin embargo, de acuerdo al punto de vista de su compatriota Sábato, pecó demasiado, al construir un mundo demasiado filosófico, con poemas muy bien estructurados pero que se queda en lo contemplativo.

Cómo exorcizarse a través de la literatura

Antes que nada un buen escritor debe reconocer que la literatura es un vehículo, un barco con el cual puede surcar hacia el infinito y más allá. La imaginación es su brújula, pero su razón de ser para seguir adelante es el explorar sus propios sentimientos, donde los traumas y sus pesadillas las que alimentan su deseo de escribir más y más.

Siempre será necesario entonces tener una imagen en la mente, una lo suficientemente fuerte como para revivir todas las emociones que supuso para el autor en determinado momento de su historia: la muerte de un familiar, el accidente que vio en las noticias o la soledad triste de un bosque que se atrevió a cruzar.

Todo lo demás será perseguir a la inspiración que suponen dichos vacios, para así purgarse de dichos sentimientos y renovarlos.